miércoles, 17 de agosto de 2016

Paul Pierce



Creo que fue ayer cuando leí que Ray Allen, de quien se venía rumoreando hace tiempo que sopesaba volver al baloncesto en activo, estaba negociando con los Milwaukee Bucks para consumar, definitivamente, ese regreso. Allen tiene 41 años. Ya jugó varias temporadas en la NBA. Las repartió entre los propios Bucks, los Seattle Supersonics, los Celtics de Boston y los Miami Heat. Fue diez veces All-Star, campeón olímpico y ganó el anillo de campeón de la NBA en dos ocasiones. Años después de su retirada, al que durante años fue considerado uno de los mejores tiradores de la competición le ha dado por volver. ¿Por qué? Supongo que si finalmente se confirma, él lo explicará. 
Esto de los regresos de jugadores ya retirados no es nuevo en la NBA. Por supuesto, el caso más recordado es el de Michael Jordan, pero hubo más. Y parece que los seguirá habiendo. La NBA parece una liga de contraste, donde llegan jugadores que apenas han cumplido la mayoría de edad y otros alargan su vida deportiva hasta límites insospechados. 
El caso de Ray Allen no es el único. Durante este verano, ha habido otros rumores, algunos se quedarán en eso, pero otros puede que se hagan realidad y vivamos un contínuo dejavu en las canchas. 
Derek Fisher también se lo está pensando, según hizo público Ian Begley, de la ESPN, hace poco. Retirado en 2014, comenzó su carrera como entrenador en los New York Knicks de la mano de Phil Jackson, pero no terminó su segunda temporada en la gran manzana. Tiene 42 años y ha sido cinco veces campeón de la NBA tras jugar dieciocho temporadas en la misma. ¿Por qué? Pues supongo que también Fisher lo explicaría llegado el caso. 
Stephen Jackson, nació en 1978, con lo que "solo" tiene 38 años. Tras jugar 14 temporadas, se retiró. Fue campeón de la NBA en 2003 con los San Antonio Spurs. Recibió una de las sanciones más duras de la historia de la NBA al recibir una penalización de 30 partidos por su participación en la histórica bronca en Auburn Hills. Hace poco dijo que podría y que quería volver.
Carlos Boozer tiene 35 años y fue bronce olímpico con la selección de los Estados Unidos en 2004. Llegó a ser dos veces All-Star. En Junio surgieron rumores sobre su posible regreso, pero no se ha vuelto a saber nada más.
Uno de los últimos rumores ha sido el de Baron Davis, nacido hace 37 años. Dos veces all-star, su última temporada ocurrió en 2012 cuando jugaba para los New York Knicks. Su regreso no está tan lejos porque, en realidad, ya volvió a jugar al baloncesto en la temporada 2015-2016. Lo hizo en los Delaware 87ers de la D-League, la liga de desarrollo de la NBA, con los que llegó a jugar ocho partidos.
Sí, sí, hay más. 
Richard Hamilton formó parte de aquellos Detroit Pistons que ganaron la NBA en 2004. Lleva tres años retirado y ya hubo rumores de regreso en 2014. Y ahora otra vez en 2016. Nacido hace 38 años, llegó a ser tres veces All-Star. En un reciente artículo periodístico, explicaba que lo dejó para estar más cerca de sus hijos pero estos ahora le querían ver jugar en directo. 
Emeka Okafor fue segundo en el draft de 2004 y mejor rookie del año en 2005. Una hernia de disco en su cuello le obligó a retirarse. Su agente ha dicho recientemente que volverá pronto. Nació en 1982, con lo que aún tiene 34 años.
Ben Gordon tiene uno menos, 33. Fue mejor sexto hombre siendo rookie. Venía de ser campeón de la NCAA en 2004 con los Huskies de Conneticut. Sus primeros años en los Chicago Bulls crearon expectación. En Septiembre de 2015 intentó conseguir un contrato con los Golden State Warriors en verano, pero no lo consiguió. Este verano ha jugado con Gran Bretaña en las clasificatorias para el Eurobasket 2017. En alguna entrevista dijo que quiere volver a la NBA.  

Todos estos rumores suceden en el año en el que dijimos adiós, nada más y nada menos, que a Tim Duncan y Kobe Bryant. También a Amar'e Stoudamire, pero a este no del todo. Le veremos en Europa cuando juegue el Hapoel Jerusalem.
La edad no es impedimento para jugar profesionalmente al baloncesto. Ni tan siquiera lo es decir que ya tuviste bastante, porque siempre puedes volver. Erazem Lorbek estuvo en las ligas de verano probando con los San Antonio Spurs. Llevaba varios años parado por su maltrecho físico pero él no se había rendido. Aún no se ha hecho público si ha firmado contrato con algún equipo. Hay muchos veteranos que aún no han firmado para el año que viene, gente como Elton Brand, Caron Butler, Jason Terry, Metta World Peace, Charlie Villanueva, Kirk Hinrich, Kendrick Perkins, Drew Gooden o Kevin Martin. Otros sí lo han hecho ya, algunos incluso con contratos jugosos: Dirk Nowitzki, Matt Barnes, Jamal Crawford, Manu Ginobili, Pau Gasol, Sasha Vujacic, Richard Jefferson, Pablo Prigioni, quien jugará por encima de las cuatro decenas si cumple lo firmado con los Houston Rockets. Paul Pierce, 39 años, sigue siendo uno de los contratos que más rumores está levantando este verano. Dijo que seguiría y ahora parece que volverá a Los Ángeles Clippers. Titular de esta entrada y foto para él por ser el último que menciono.
¿Qué lleva a una persona con 5 anillos de campeón, 18 temporadas en activo y un primer intento como entrenador a volver a calzarse las botas? Quizás no le lleva nada porque solo es un rumor y los rumores a veces nacen del aburrimiento más que del conocimiento, pero, en cualquier caso, está claro que, en el baloncesto norteamericano, los jugadores parecen aburrirse cuando se retiran. Casi no hay uno que no haya dicho que vuelve. Lo hagan o no lo hagan después. Con lo bien que se tiene que estar pescando en el lago o viendo la televisión por cable, ¿no?

martes, 16 de agosto de 2016

Marijan Cakarun





Hablar de manera ligera es fácil, y generalmente conduce a error, pero en este blog parece que no sabemos hacerlo de otra manera. Además, estamos en agosto y nos hacemos vagos.
Por no dejar que el blog se muera, me quedaban dos opciones para escribir una nueva entrada: o baloncesto o ciclismo, que son los deportes que menos practico pero cuya actualidad más sigo. Me resulta más fácil hablar de eso que de la pretemporada de fútbol o los torneos veraniegos de pelota mano. Las Olimpiadas las sigo igual que sigo viendo, cuando me aburro, las reposiciones de series de televisión españolas antiguas en los canales de la TDT.
Así que he elegido el baloncesto y su mercado estival, el de fichajes, y, en concreto el de la ACB, porque el de la NBA, quitando la reciente y abrumadora renovación de LeBron James, no anda parado, pero sí que ha bajado un poco el nivel de sorpresa que alcanzó antes de las vacaciones.
Digo que hablamos ligero porque no vamos a analizar con profundidad ni las causas ni las consecuencias, y nos conformaremos con impresiones personales y análisis superficiales. Sin ser un experto, ni tan siquiera un aficionado atento, me da la sensación de que el mercado de fichajes en la ACB durante este verano, es un fiel reflejo de los cambios mercantiles que se están produciendo en el deporte profesional de la canasta. En Europa, el dinero se ha ido a Turquía, y el resto está en los Estados Unidos, con lo que se ha producido un efecto dominó y las tendencias adquisitivas de los equipos españoles se han diversificado de una manera muy curiosa. Repito: todo en mi opinión y no es muy de fiar.
El año que viene habrá diez españoles en la NBA (Pau Gasol, Marc Gasol, Juancho Hernangómez, Willy Hernangómez, Álex Abrines, José Manuel Calderón, Niko Mirotic, Serge Ibaka, Sergio Rodríguez y Ricky Rubio). Muy significativo. A eso hay que sumarle el resto de europeos con peso en este continente que o han renovado con buenos contratos o también han aprovechado el aumento del límite salarial en la gran liga americana para empezar la aventura al otro lado del Atlántico: Mindaugas Kuzminskas, Dario Saric, Tomas Satoransky, Davis Bertans, Dragan Bender...
Si eso no fuera poco, muchos otros jugadores contrastados y de calidad se han ido a otras ligas europeas, con especial protagonismo de las ligas de Rusia y Turquía. Solo en el país otomano encontraremos el próximo año a gente como Dairis Bertans, Alen Omic, Clevin Hannah, Angelo Caloiaro...
El caso es que el poder adquisitivo de los equipos ACB parece haber caído. Los movimientos durante este verano han dejado ver pautas que se repiten y otras tendencias más novedosas. En líneas generales, podríamos resumirlo diciendo que, aunque ha habido llegadas de buenos y contrastados jugadores, sorprenden los cambios de cromos entre equipos de la misma competición y la llegada de jugadores relativamente desconocidos para el espectador medio.  
Conviene recordar que aún hay muchos fichajes por hacer. Hay equipos que, aunque van rápido, como el nuevo Sevilla con Berni Rodríguez en los despachos, han empezado tarde y aún les queda trabajo. Hay otros que están esperando y alguno que ya tiene todo prácticamente finiquitado, pero es probable que en los próximos días haya más nombres que sumar y quizás nos haga cambiar de opinión.
Con todo lo que ha habido por ahora, hay que destacar que, como ya hemos dicho, ha habido muchos cambios de camiseta, traspasos entre equipos de la liga y algunos con renombre o sorpresa: Adam Waczynski, Fran Vázquez, Will Thomas, Darko Planinic, Joan Sastre, Jonathan Tabu, Scott Bamforth, Nacho Martin, Giorgios Bogris, Alberto Corbacho, Txemi Urtasun, Pere Tomas, Goran Suton... Hasta Sitaphá Savané, que tras regresar a las islas parecía haber encarado el final de su carrera, ha seguido a Salva Maldonado y empieza nueva aventura en Madrid. También ha habido regresos a la Liga ACB como los de Martynas Pocius, Luka Zoric, Luka Bogdanovic, Oliver Stevic o David Jelinek. Se podía interpretar que los equipos buscaban la seguridad de jugadores que ya conozcan los intangibles de la liga, mejor que responder a las necesidades de los equipos con apuestas arriesgadas.
De otras ligas europeas han llegado gente como Royce O’Neale (Ludwigsburg), Kyle Fogg (Bremerhaven), Oviu Soko (Enel Brindisi), Mickey McConnell (Chalons), Billy Baron (Charleroi), Joe Trapani (Cholet), Trent Lockett (Trento), Andrew Albicy (Gravelines), Adam Pechacek (AZS Koszalin), Aaron Doornekamp (Skyliners Frankfurt) o Johannes Voigtmann (Skyliners Frankfurt). Alemania siempre ha sido calado del mercado veraniego para la liga ACB, pero destaca, este año, la mirada hacia Francia e Italia. Son jugadores que vienen de hacer buenos números en sus ligas pero, quitando quizás a Voigtmann y Fogg, cuyas temporadas repercutieron internacionalmente, muchos de ellos llegan siendo una incógnita aunque, a buen seguro, acaben triunfando y rindiendo con eficacia.  
Pero lo que quizás indica el cambio de corriente es que los jugadores de renombre que se incorporan a la liga se concentran en dos, tres equipos, a lo sumo cinco si contamos los interesantes fichajes de Valencia y Unicaja. Anthony Randolph, Tyrese Rice, Víctor Claver, John Bryant, Andrea Bargnani, Rodrigue Beaubois, Oliver Lafayette o Trevor Mbakwe son jugadores contrastados o emergentes, con buena cotización, que podían haber firmado contratos jugosos con otros equipos europeos. Dos jugadores más llegan desde la NBA, Shane Larkin y Shayne Whittington, pero, a excepción de Whittington, como decíamos, todos esos jugadores se concentran en unos pocos equipos, destacando, sobre todo, la distancia que se está creando entre el Real Madrid y el FC Barcelona y el resto. Baskonia y Valencia han hecho grandes esfuerzos y el Unicaja cerró su equipo muy rápido y con argumentos para ilusionar a sus aficionados.   
Para justificar mi argumento de que este año se percibe un cambio en los intereses de los equipos, en parte debido a la competencia, pero también a su propio nivel de presupuesto, destacaría tres objetivos que han parecido tener en común los equipos ACB este año. Aunque no sean nuevos, sí que parece que este año han tenido más relevancia que en otros veranos pasados. Por un lado, destacaría los jugadores llegados desde ligas digamos menores, como la LEB. Jugadores que parece que debutarán o volverán a la ACB tras contar con pocos minutos en otras temporadas o medrar en LEB y EBA. Hablamos de jugadores como Tadas Sedekerskis, Daniel Bordignon, Miki Servera, Jonathan Barreiro, Beka Burjanadze, Guillem Colom, Ferran Bassas o Romaric Belemene.
El segundo argumento sería la liga de desarrollo de la NBA, la D-League, que se ha convertido este año en un caladero importante, aunque muchos de los nombres que sonaron este verano se quedaran en rumores. Desde ahí llegan gente como Michael Eric, Scott Suggs o el mediático Thanasis Antetokounmpo, hermano de un Giannis Antetokounmpo que nunca llegó a jugar para el CAI Zaragoza.
Pero, sobre todo, creo que el mayor indicativo de ese cambio en las incorporaciones veraniegas de los equipos ACB llega desde los Balcanes. Siempre ha habido jugadores croatas, serbios, eslovenos... en la ACB, pero este año, sobre todo, llegan desde las ligas del Adriático o desde otras ligas europeas, siendo algunos jugadores por descubrir, con buenas estadísticas pero sin el prurito que da contar ya con un currículo largo y llamativo. Por supuesto, Vladimir Jankovic, ex del Panathinaikos y nuevo jugador del Valencia, no entraría en esta lista, pero sí otros como Danilo Nikolic (Mega Leks), Miha Lapornik (Union Olimpija), Ivan Buva (Avellino), Strahinja Milosevic (Szonolki Olaj), Filip Kraljevic (KK Zadar), Luka Lapornik (KRKA Novo Mesto), Luksa Andric (BC Astana), Marijan Cakarun (Helios Suns), Aleksander Cvetkovic (Partizan) o Petar Aranitovic (Partizan). Da la sensación de que los despachos de los equipos ACB han tenido claro que si no podían aspirar a los jugadores más reclamados, siempre era un buen seguro contar con deportistas de países de larga tradición baloncestística y que parecen prometer un rendimiento de fiar.
Va a ser, en cualquier caso, una temporada excitante porque el rendimiento de muchos de estos jugadores va a sorprender a más de uno. Esta sigue siendo una opinión personal y que os invitaría a discutir y rechazar, pero el cambio de tendencia en el mercado va a descubrir nuevos talentos, incluso de jugadores veteranos que no habían tenido hasta ahora la oportunidad de tentarse en estos niveles. Me da la sensación de que, en líneas generales, todos los equipos están firmando con coherencia y racionalidad, y quitando la distancia que se está formando entre la clase alta y baja, sí que parece que la próxima temporada puede ser una liga más ceñida. Yo no he visto jugar nunca a Marijan Cakarun (para él el titular y la foto, sacada de una búsqueda en google images que parece provenir de la web sibenik.in), por ejemplo, y sin faltarle al respeto, ni tan siquiera había oído hablar de él... ¿Y si es bueno? Creo que responder a esa pregunta va a ser uno de los alicientes de esta próxima temporada ACB.

viernes, 29 de julio de 2016

Lex Nederlof



La categoría continental del ciclismo profesional daría para un blog dedicado solo a desentrañar los corredores, equipos y patrocinadores que forman ese pelotón, así como las carreras de su calendario. Llamarlo exótico es una visión demasiado eurocéntrica y ombliguista, por lo que mejor diré que, en esa categoría, te encuentras con un ciclismo que habitualmente se escapa del interés mediático y que te permite descubrir escenarios y paisajes donde el ciclismo brilla tanto como en las habituales rampas pirenáicas o las costas del Mediterráneo. 

Entre los muchos equipos del pelotón continental, hoy vamos a hablar brevemente de uno, el Black In Cycling Team que dirige Jamal Mutaqin, aunque solo sea porque queremos hablar de uno de sus corredores. El Black In es un equipo con sede en Laos, o República Democrática Popular de Lao, antigua colonia francesa, independiente desde 1949. Un estado socialista que, generalmente, no suele ser testigo de grandes acontecimientos ciclísticos, en lo que al mercado global y el interés internacional se refiere. Además de un buen puñado de corredores nacionales, en el equipo de Mutaqin también corren ciclistas que han llegado desde otros países, como el joven neozelandés Logan Griffin, el australiano Ben Marshall, el veterano holandés Rien Schuurhuis, el singapurense Ji Wen Low, el malasio Fazlan Adhili Mustafa Kamar o los indonesios Hari Fritianto, Bambang Suryadi y Projo Waseso. Precisamente en Indonesia, el Black In consiguió los últimos puestos que se reflejan en ProCyclingStats, al correr el Tour de Flores, valedero para el Asian Tour, donde el local Hari Fritianto hizo quinto en una etapa y acabó entre los quince primeros. Por cierto, el ciudadrealeño Benjamín Prades y el vasco Ricardo García hicieron segundo y tercero en una prueba, el Tour de Flores, que ganó Daniel Whitehouse, un joven británico que está sorprendiendo por sus buenos resultados en el circuíto asiático corriendo con el Tereengganu Cycling Team. 
Whitehouse bien podría ser uno de esos stagiaire que están empezando a ocupar la prensa especializada estos últimos días. Como sabéis, llegada esta época del año, los equipos ProTour y Continental Profesional, algunos Continentales también, le dan la oportunidad de debutar a dos, tres jóvenes que o bien proceden del campo amateur o de la misma categoría continental. Por ejemplo, hoy mismo confirmaba el Etixx que sus stagiaires para este año serán Adrien Costa, Hamish Schreurs y el asturiano Iván García Cortina, una de las grandes promesas del ciclismo estatal. BMC eligió a Taylor Einsenhart y Fabian Lienhard, el Trek a Piet Allegaert, Jacopo Mosca o el chileno José Luis Rodríguez, el Caja Rural a Jon Irisarri, Josu Zabala e Iker Azkarate... etcétera etcétera.
Precisamente en 1988, Lex Nederlof, según el resumen personal que figuraba en la web de su anterior equipo, se convirtió en el primer stagiaire en un equipo profesional, el histórico Superconfex-Yoko que a finales de los años ochenta era uno de los equipos más potentes del pelotón. Y es que lo cierto es que aún no habíamos nombrado al corredor que queríamos mencionar en esta entrada y que tenéis en el titular, pero Lex Nederlof es compañero de equipo de Fritianto y su compatriota Schuurhuis y el protagonista de una historia que comienza hace casi treinta años en Holanda. Nederlof, sin embargo, corre ahora por distintos países asiáticos y forma parte del equipo de Mutaquin en Laos, aunque ya había corrido para él, porque ese anterior equipo que mencionábamos antes era el CCN Cycling Team de Brunei, el primer equipo profesional del país de la isla de Borneo, donde coincidieron Mutaqin y Nederlof, uno como director y el otro como ciclista, a pesar de que el corredor ya sobrepasara largamente la cuarentena cuando se fueron a instaurar el ciclismo profesional en Brunei. 

Antes de llegar aquí, como decíamos, hay que remontarse a 1988 y aquel Superconfex -Yoko. Poco antes, cuando se fundó, fue el Kwantum. Y más o menos ahora es el Team LottoNL-Jumbo, igual que antes fue el Belkin, el Blanco, el Rabobank, el Novell, Wordperfect, Buckler-Colnago... Toda una historia que comenzó cuando Jan Raas se enfadó con Peter Post y ambos se fueron por su lado. Post fundó otro histórico, el Panasonic y Jan Raas se inventó un Kwantum que pasaría a ser la gran cuna del ciclismo holandés. En aquella temporada del 88, con Jan Raas y Hilarie Van der Schueren como directores, en aquel equipo destacaba Jean Paul Van Poppel, pero también corrían gente como Michel Cornelisse, Nico Emonds, Rolf Gölz, Frans Maasen, Jelle Nijdam, Ludo Peeters, Rudy Pevenage, Edwig Van Hooydonck, Gino Van Hooydonck o Nico Verhoeven. Alguno son ahora directores, pero Lex Nederlof, que debutaría comenzada la temporada para disputar unas pocas carreras, como la Nissan Classic o el Tour de Irlanda, era corredor entonces y lo sigue siendo ahora. Han pasado casi 30 años y Lex Nederlof cumplió en junio los 50 años. 
En 2014, aún con 47 años, Cycling Weekly le entrevistaba y le nominaba como el corredor más viejo del pelotón (la imagen de arriba proviene de esa entrevista y de esa publicación, aunque yo la haya tomado del buscador de imágenes de google). Pues imagínate hoy que sigue corriendo con los 50 años cumplidos (algún otro día igual podíamos hablar del canadiense Louis Garneau, de Davide Rebellin o de Malcolm Elliott). En aquella entrevista, que le hacían antes de correr el Tour de Langkawi (una carrera con reputación internacional y con corredores como Gabriele Missaglia, Chris Horner, Paolo Lanfranchi, Tom Danielson, Ruslan Ivanov, José Serpa o José Rujano en su palmarés), Nederlof ya llamaba a las cosas por su nombre y dejaba claro a qué podía llegar él y a qué no:   

“This is a hors category race, I can still follow but I can’t make a difference. That’s normal because you are dealing with WorldTour teams here, but in the 2.2s, I can be of additional value of the team. That keeps me going.”
(Mi propia y torpe traducción: "Esta es una carrera importante. Yo puedo seguir el ritmo, pero no puedo destacar. Es normal, porque aquí tenemos hasta equipos World Tour. En pruebas de la categoría 2.2, ahí sí puedo aportar algo al equipo. Eso es lo que me ayuda a seguir intentándolo."

Lo cierto es que Nederlof lleva casi una decena de años por Asia. Hace un par de años lo entrevistaban en Direct Velo y explicaba que, tras divorciarse y sin ataduras ni responsabilidades, se marchó a Tailandia donde aún vivía por 2014, al menos, teniendo su propio negocio y habiéndose comprado una parcela para construirse una casa. Nederlof, después de aquel intento fallido de hacerse profesional en el 88, se enganchó al ciclismo amateur en Holanda y durante años tuvo ilusión por cumplir su sueño de ser profesional. Tuvo buenos resultados en amateurs, pero no consiguió el ansiado contrato. Según él mismo ha explicado en varias entrevistas, aquellos postreros años 80 fueron los de la apertura de los mercados en el este de Europa, y al talento de una buena generación holandesa, se le unieron corredores polacos, checoeslovacos, rusos... que ahora sí podían ofrecerse en el pelotón de los Países Bajos. Sin embargo, ya en los noventa, Nederlof se tiró a la aventura y enrolado en el Marco Polo Cycling Team, ya comenzó a conocer otras pruebas, otros paisajes, otro ciclismo que existe aunque parezcan querer enterrarlo. También tuvo que desistir, pero, en 2004, ya instalado en Tailandia, retomaría esa carrera ciclística y firmaría sus contratos con equipos profesionales asiáticos en categoría continental. 
Tras esta larga experiencia, Nederlof se enorgullece de un palmarés que, más allá de las victorias, luce porque, por ejemplo, ha corrido en más de setenta paises, consiguiendo una gran experiencia deportiva y vital. Su palmarés en Asia, de todas formas, no permanece vacío. Por ejemplo, en 2013, y ya con 47 años, ganó la Melaka Governors Cup, prueba que, un año después, ganaría el moldavo Alexandre Pliuschin, excorredor, entre otros, del Ag2r o el Katusha. Y ahí sigue, a sus 50 años, convertido en el corredor más veterano del pelotón profesional, aún instalado en el sudeste asiático e ilusionado como aquel stagiaire que en el 88 recorrió Irlanda portando el mismo maillot que gente como Jean Paul Van Poppel o Edwig Van Hooijdonck. 

Esta última frase me ha quedado un poco efectista y afectada, pero tampoco era mal final. Igual algún día vuelvo con algún otro corredor que merece atención en el mundo oculto de la categoría Continental. Y, si no, os invito a que lo hagáis vosotros mismos. Es divertido, aunque quizás solo porque yo me aburro mucho. A veces, solo a veces.

sábado, 23 de julio de 2016

Ion Izagirre



Venga, va, no voy a esperar ni a que el Tour termine mañana. Luego ocurrirá algo histórico y todo esto se irá al traste, pero sé que si lo dejo para mañana, no lo hago, así que lo voy a hacer hoy. Van mis nueve elegidos, mi equipo preferido, que no tienen por qué ser los mejores, en un Tour 2016 que, mañana, en París, se convertirá en el tercero de Christopher Froome, entre otras cosas, porque ha sido el más fuerte, pero, también, porque no ha tenido rivales. Y prueba de ello ha sido esta semana final, y, sobre todo, estas dos últimas etapas, la de hoy con final en Morzine, y la de ayer con final en Saint-Gervais-Les-Bains. Ciclismo del bueno, del épico, con ataques, descensos peligrosos, remontadas, contraataques, escapadas de quilates, gente luchando por cualquier puesto entre los primeros, desvanecimientos, frenazos... pero ni un solo ataque de alcurnia entre los elegidos. La caída de Froome en el descenso de Bissane pareció ponerle entre las cuerdas, pero nadie fue capaz de tensárselas. Hoy, tampoco, subiendo Joux Plane. Todo ha sido para Geraint Thomas y Mikel Nieve, plácido, recto, sin sobresaltos: entrando todos a meta con cara de satisfacción y alivio, casi que hasta de sorpresa también. Al final, parece que Froome solo tenía un rival, Nairo Quintana, y problemas físicos no especificados le han lastrado. No responde el colombiano y Alberto Contador se fue en la primera semana. A Romain Bardet se le ven maneras, igual que a Adam Yates, pero no son rivales, en la actualidad, para el británico. Con todo eso, el espectáculo lo han puesto los que no se jugaban el pódium. La etapa que acaba de finalizar en Morzine ha sido de las que hacen afición, y no solo porque haya ganado un euskaldun, que ya nos tocaba, si no por todo lo que ha ocurrido durante y mediante: la desfachatez de Julian Alaphilippe, que me recuerda a Thomas Voeckler, pero, quizás, con más talento, agresivo desde el principio, quizás demasiado, pero obstinado como solo son los campeones y con un descenso que no ha sido bien celebrado en televisión. La alegría de un Jarlinson Pantano que parece puro ciclismo: ataca siempre, hace la goma, retoma, se la juega torpemente cuesta abajo, también remonta, entra segundo y lo celebra, se encuentra a Ion Izagirre en meta y charlan como si esto fuera lo que es, un juego, un deporte. La elegancia de Vincenzo Nibali, capaz de superar a su propio cuerpo y reventar a los dos escapados sin levantar el culo del sillín. La tozudez de Kreuziger, el sufrimiento de Pierre Rolland, el orgullo de Joaquim Rodríguez, la zancada de Ilnur Zakarin, el amor propio de Bauke Mollema. Y, sobre todo, la lección de ciclismo del pequeño de los Izaguirre. Escondiéndose inteligente en un pelotón de escapados lleno de talento, remontando sin prisa, desintegrando a Alaphilippe, sin perder los nervios en la cima y jugándose la vida en un descenso húmedo y resbaladizo donde verle trazar las curvas parecía más una lección de física que de ciclismo. Enorme la exhibición de un Ion Izagirre que remata su temporada: ya se había convertido en campeón de España contrarreloj y se llevó el Gran Premio Miguel Indurain, además de dos etapas, una en la Vuelta a Suiza y otra en el Tour de Romandía. Junto con su victoria en la general de la Vuelta a Polonia y aquella etapa en el Giro de Italia, en su debú en la prueba y con el maillot de Euskaltel, Izagirre ya empieza a amasar un buen botín con palmarés, y, a sus 27 años, parece que aún le queda mucho que ganar por delante. 
En resumen, y esta es mi humilde opinión, ha sido un Tour interesante, divertido y apasionante, si nos olvidamos de la lucha por los tres primeros y nos centramos en otras cosas, otras cosas que forman tanta parte del ciclismo como subirse a ese estrado el domingo en París. Supongo que mi elección de los nueve corredores del Tour que quisiera señalar, demuestra un poco eso. Van ahí, sin orden, pero justificando su presencia en la selección final. 




Daniel Navarro

Porque se ha tirado medio Tour escapado. En el llano, en la media, en la alta montaña, en grupos grandes, pequeños, solo, bajo la lluvia, el sol... Parecía que era el único Cofidis en carrera. Y, al final, se cae, y ya desde el suelo, se lleva la mano a la clavícula. Retirado e inmerecido final para el asturiano. Uno de esos corredores que siempre es necesario destacar cuando quieres mirar más allá de donde apuntan las cámaras de línea de meta. 

Chris Froome

Porque parece que ha ganado sin despeinarse. Cuando lo ha necesitado ha tirado de Wouter Poels, dormido medio Tour porque estaba esperando para mostrarse sobrado, solo cuando se le ha llamado, cuando no de Mikel Nieve, cuando no de Geraint Thomas, cuando no de Sergio Henao, cuando no ha querido ha tirado él solo. Algunos dicen que si no tienes piernas, el equipo no sirve de nada. Que se lo digan al director de Astaná. Hoy mismo, ha dado no se qué después de ver la paliza de Luis León Sánchez, como ha caído un decepcionante Fabio Aru a las primeras de cambio. Pero, cuando sí tienes las energías, contar con gente como Poels, Nieve, Mikel Landa, Thomas o Henao te tiene que hacer la vida mucho más fácil. Incluso cuando no te haga falta. La táctica del equipo, además, ha parecido no ser muy conservadora: antes de que me ataquen, me pongo aquí delante y acelero, pero supongo que eso es más fácil hacerlo cuando ha quedado atestiguado que Froome era el más fuerte y, además, no tenía rivales. Uno se dejó la piel en la carretera, a otro lo ha atacado una enfermedad fantasma, a alguno les faltan años y a otros no sé el qué. Froome ya lleva tres (aunque hasta mañana no se debería decir) y a sus 31 años parece que aún le pueden quedar otros cuantos como no aparezca alguien capaz de atacarle con solidez.

Mark Cavendish

Porque ha conseguido cinco victorias. En los últimos años, ya no ganaba con tanta claridad, pero, en este Tour, ha demostrado que él nunca va a dejar de intentarlo, y de conseguirlo, aunque, como ha ocurrido en este Tour, sea tan apretado que se necesite la photo-finish. Además, se ha mostrado extrañamente equilibrado y elegante en las declaraciones y tuvo un detalle muy bonito con la afición vasca. Parece que ha madurado. Un dato: siete victorias británicas en el Tour justo el año del Brexit.  

Peter Sagan

Probablemente, sea a día de hoy el corredor con más talento del pelotón. Se le ha visto en los esprints, en las escapadas, en las metas volantes, en labores de equipo, en la alta montaña... Se le ha visto hasta metiéndose en la autocaravana de un aficionado para aliviarse. Ese es Peter Sagan, el de los caballitos, las azafatas y los peinados a medio camino entre Adrien Brody y Chris Hemsworth. No sé si podría ser un nuevo Laurent Jalabert, pero que da gusto verle correr es evidente. Se va a llevar el maillot verde por quinta vez consecutiva, si no me confundo, y tiene 26 años. Dime tú qué puedo añadir. 

Rafal Majka

Venía de hacer quinto en el Giro, con lo que se pensaba en él más para ayudar a Alberto Contador que para ganar la general. Sin embargo, con la baja del madrileño, ha sabido reciclarse. Ya era tarde para encarar la general: había perdido demasiado tiempo y además no se le veía tan fino como en el Giro de Italia, donde, como ya he comentado, acabó quinto, y ese era un esfuerzo que podía pasarle factura. Aún así, terminará entre los treinta primeros, habiendo rozado la victoria parcial y uniéndose al palmarés del maillot de lunares rojos del ganador de la montaña, añadiendo su nombre a la lista de gente como Richard Virenque, Federico Bahamontes, Gino Bartali, Eddy Merckx, Bernard Hinault, Claudio Chiappucci o Tony Rominger. Por cierto, el polaco no es la primera vez que gana este premio, pero tiene mérito esta vez.

Adam Yates

Sorprendente y maillot blanco de la clasificación de jóvenes. Otra alegría más del ciclismo británico que se ha lucido este año, precisamente, como ya he dicho antes, el año del Brexit, ya ves tú. Ha rozado el pódium y, a sus 23 años, hará 24 en poco más de una semana, el hermano gemelo de Simon Yates promete mucho talento para el futuro del ciclismo. Ya había avisado ganando la Klasika el año pasado o haciendo séptimo en la Dauphinè este mismo año, pero nadie pensaba en él como candidato a quedar entre los cinco primeros. Ese pódium que se quebró en las faldas del Mont Blanc, con Bauke Mollema y él mismo, era uno de los pódiums más inesperados del año. Al final, él ha resistido hasta quedar entre los cinco primeros y peor suerte se ha llevado el lector empedernido Mollema, aunque no ha querido despedirse sin dejar constancia de que es uno de esos corredores, al estilo Dan Martin, que no se esconden nunca y que no se dejan asustar por sus propias debilidades.  

Greg Van Avermaet

Porque es un clásico y porque es un ganador de clásicas, incluso cuando gana carreras que no lo son. A sus 31 años, el de Lokeren ya ha ganado la París-Tours, el Gran Premio de Valonia, Gran Premio Raymond Impanis, el Tour de Bélgica, la Tirreno-Adriático o la Omloop Het Nieuwsblad, además de etapas en Tour de Francia y Vuelta a España. Este año se ha llevado otra etapa y además se ha vestido de líder, maillot que defendió con respeto aunque luego nos dejara una respuesta futbolera a pregunta de un periodista. Pero es que Van Avermaet tiene un palmarés que no se refleja en los que normalmente repasamos en la wikipedia: un palmarés de segundos, terceros, cuartos, quintos puestos, escapadas, intentonas... Todo eso le ha convertido en un corredor respetado y al que, al menos yo respeto. Precisamente nuestro anterior protagonista y el belga llevan unidas sus carreras: Adam Yates ganó la Klasika 2015 sin saberlo porque no se había enterado de que Van Avermaet, escapado y casi virtual ganador (al menos, con bastantes posibilidades), había acabado arrollado por una moto. Solo por eso, en parte, me alegro de que en este Tour haya sido noticia por cosas más agradables.

Tom Dumoulin

Ha acabado en el suelo y retirado. El guapo ciclista de Maastricht se presentó como candidato a grandes vueltas en la pasada Vuelta a España, donde finalmente acabó sexto pero demostró que, teniendo 25 años y dotes de contrarrelojista, podía ser el definitivo proyecto de ganador que lleva esperando Holanda no sé cuánto tiempo. Corrió el Giro de Italia y no lo terminó. No sé con qué aspiraciones llegaba al Tour, pero pronto se vio que la lucha por los puestos de honor no iba a ser lo suyo. Sin embargo, se supo recomponer y se marcha con un botín inmejorable: dos victorias de tapa (en montaña en Andorra y en contrarreloj en la región de Ródano-Alpes) y un segundo puesto porque solo le batió el imparable Chris Froome. Vamos, que sigue dando destellos de que quizás en el futuro su nombre se deba tener muy en cuenta.

Jarlinson Pantano

Cuando lo fichó el IAM Cycling parecía que respondía a la nueva moda en el ciclismo europeo: "pon un corredor colombiano en tu equipo". Con el boom de los Nairo Quintana, Esteban Chaves o Sergio Henao, todo el mundo quería tener, por si acaso, un corredor colombiano en su equipo. Pantano llegaba al equipo suizo después de una carrera en Colombia que había destacado por ganar una etapa en la vuelta de su país y lucirse un poco en europa ganando la montaña del Tour del Mediterráneo. Este Tour era su cuarta grande: el año pasado ya lo corrió y quedó entre los veinte primeros. Antes había corrido dos Giros con el equipo Colombia. Este año, se ha destapado: siempre ha tenido presencia cuando se ha empinado la carrera. Ha sido el mejor de su equipo y se lleva premio. La victoria de etapa que le birló a Majka en Culoz, pero ha hecho otros buenos puestos. Hoy, por ejemplo, ha sido segundo, dejando una buena muestra de su pundonor y capacidad. Además, parece que repetirá el puesto de su primer Tour y acabará 19º. Una cosa más: la ilusión con la que hoy ha celebrado el buen trabajo hecho durante la etapa, aunque haya acabado segundo, y la alegría y buen rollo con el que se le ha visto charlar con Jon Izagirre le hacen merecedor de nuestro aplauso. 



Y aquí lo dejamos. Podríamos meter a más, claro. Que no esté aquí Romain Bardet, por ejemplo, me deja en mal lugar. Gente como Rui Costa, Thomas de Gendt, Richie Porte, Alejandro Valverde (hacer entre los diez primeros en Giro y Tour, incluyendo un pódium, tiene mucho mérito), Wouter Poels... Todos deberían estar aquí. Qué decir de Joaquim Rodríguez, quien se ha despedido hoy de la montaña del Tour con la elegancia que merecía su excelsa carrera: atacando y asegurándose un puesto entre los diez primeros, uno más en una carrera que aprovechó uno de los descansos del Tour para darla por cerrada y que, cuando llegue el momento, esperamos despedirla aquí con el mismo nivel que ha demostrado a lo largo de todos los años de profesional. Es decir, muchos podrían estar, pero yo he elegido a esos. Si alguno queréis dejar aquí a los vuestros, invitados estais. 

Volveremos para la Vuelta si no antes. 


Posdata: La foto del buscador de imágenes de google parece provenir de la web yytrends.com

viernes, 22 de julio de 2016

Berni Rodríguez



Lo mismo podría haber sido para Raúl López pero me pilló en una mala época y no podía dedicarle a la entrada el tiempo que debía. Con todo el respeto del mundo, escribir sobre Berni Rodríguez me resulta un poco más fácil porque lo tengo más lejos, y, además, puedo permitirme utilizarlo solo para una de las dos razones que, en ambos casos, motivaban que recibieran una entrada en este blog. Quiero decir: tanto en el caso de Raúl López como en el de Berni Rodríguez, ambos merecían entrada porque han sido dos jugadores dignos de recibirla, con el suficiente bagaje baloncestístico como para merecerla, pero también porque sus retiradas son el reflejo del paso del tiempo y como lentamente se aproxima el final de una generación. Con Raúl López me hubiera sido más difícil ceñirme principalmente a la segunda dimensión de la entrada porque el base catalán jugaba en el equipo del pueblo y porque, además, desde siempre fue una debilidad personal como aficionado. En el caso de Berni Rodríguez, su carrera deportiva ha transcurrido demasiado al sur, aunque no lo suficiente, por supuesto, para permanecer ciego a su talento y relevancia. 
Al fin y al cabo, el malagueño se retira habiendo ganado una Liga, una Copa y una Copa Korac, los tres títulos con el Unicaja de Málaga, donde jugó 13 temporadas. Tanto ahí como en Murcia y Sevilla, acumuló partidos hasta retirarse con 601 partidos jugados en la ACB y 169 en Euroliga, no es poco. Es el 13º jugador con más partidos en la liga española, empatado con José Miguel Antúnez. Solo Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes y Álex Mumbrú siguen en activo y han jugado más partidos que él. 
Dos de esos tres, Reyes y Navarro, estaban con él en aquella selección de baloncesto junior que se alzó con la medalla de oro en el Mundial de Lisboa 1999. El año pasado se cumplieron quince años de aquel acontecimiento que, para muchos, marca el comienzo de la era dorada del baloncesto estatal. Fue el comienzo de los Pau Gasol, Raúl López, Felipe Reyes, Germán Gabriel, Juan Carlos Navarro y compañía. Con probabilidad, el germen de los éxitos deportivos que estaban por llegar: a nivel de clubes, a nivel de selección y a nivel de representación individual en la NBA. 
La retirada de Berni Rodríguez (pasa a los despachos en el superviviente CB Sevilla) y de Raúl López (parece que también puede que trabaje para el Bilbao Basket) marca el comienzo del final para una generación que se acerca ya peligrosamente a los 40 años. Pau Gasol acaba de firmar un jugoso contrato con los San Antonio Spurs y Felipe Reyes y Juan Carlos Navarro, aunque recortando sus minutos, siguen rindiendo al más alto nivel en Real Madrid y FC Barcelona. Parece que se resisten a una llamada natural que han escuchado ya el catalán y el andaluz. Les llegará el día, cuando ellos lo decidan, y, entonces, podrán rememorar aquella medalla y las muchas otras que han conseguido en categorías superiores. Sin ir más lejos, el ex jugador de Murcia, Sevilla y Unicaja se retira con el oro en el Mundial de Japón 2006 y las platas en el Europeo de 2007 y los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Por supuesto, también con aquel simbólico metal que consiguieron en Portugal. 
Se queda solo Carlos Cabezas, porque, su nombre, siempre parecía ir unido al de Berni Rodríguez. Al fin y al cabo, fueron muchos años coincidiendo en Málaga. Germán Gabriel debutaba en la 98-99 y un año más tarde lo hacían el base y el escolta. Durante años, fueron el ejemplo de una cantera, la malagueña, que ha dado muchas alegrías al baloncesto nacional. Ahora, parece que puede cogerles el relevo Alberto Díaz, quien todo apunta a que tendrá un hueco en la plantilla de Unicaja el año que viene. Juan Pedro Jiménez, Morayo Soluade, Romaric Belemene, Kenan Karahodzic, Cristian Uta, Carlos de Cobos, José Alberto Jiménez, Ignacio Rosa, Miguel Ángel Moreta, Golden Dike... son otros jóvenes que están o han estado en la red de formación del Unicaja y que aspiran a vestir de verde en la ACB. 
Por cierto, los malagueños también se han despedido, como no podía ser de otra manera, de Berni Rodríguez. Aunque haya dicho adiós en Sevilla, supongo que, para muchos, siempre será el capitán del Unicaja. 
Volvemos a escribir de baloncesto. Y volveremos con el mercado. Por ahora lo dejamos y quizás en breve regresamos con ciclismo.  

Posdata: la foto del google images, aparentemente, proviene de estadiodeportivo.com.

jueves, 14 de julio de 2016

Eros Poli



Dicen que en el Rose Bowl de Pasadena se reunieron más de 90.000 personas. Imagínate todas las que trasnocharon en Europa para ver, cambio horario de por medio, la final del Campeonato del Mundo de 1994. Más aún cuando nadie había conseguido marcar en los minutos de juego, prórroga incluída, y se llegaba a la tanda de penaltys. Arrigo Sacchi había elegido a Franco Baresi para empezarla, y el capitán del Milán, defraudó, falló. No sería el único de su selección. A Daniele Massaro se lo detuvieron y, finalmente, la gran estrella de aquel equipo, Roberto Baggio, fallaría para desconsuelo italiano y alegría de los Mauro Silva, Bebeto, Mazinho, Romario, Branco, Dunga... Entre los muchos italianos que aguantaron hasta la madrugada para retirarse disgustados a la cama, hubo uno que debió mirar el reloj y lamentarse por partida doble. 

Eros Poli tenía que tragarse casi 200 kilómetros en bicicleta al día siguiente y, además, debía hacerlo tras subir el legendario Mont Ventoux. Así que, cuando Baggio falló, debió apagar la televisión, mirar el reloj, y maldecir su pasión futbolera sabiendo lo que le esperaba al día siguiente. En el balcón, su compañero de habitación dormía al raso intentando evitar el calor.

Su equipo, el Mercatone Uno, no llevaba un buen Tour de Francia cuando ya solo quedaba la última semana y Miguel Indurain parecía tener completamente atado su cuarto triunfo final. Franco Chioccioli andaba muy retrasado en la general y Silvio Martinello, esprinter del equipo para la ocasión tras la baja de Mario Cipollini, no parecía estar muy inspirado (acabaría segundo en la clasificación por puntos, pero no batió en ninguna ocasión al demoledor Djamolidine Abdoujaparov). Apenas quedaban cinco corredores en el equipo y todo consistía en llegar a París con decencia y sin sobresaltos. Por eso sorprendió aún más cuando Poli, aprovechando un primer ataque de su compatriota del GB-MG Davide Cassani, buscara la aventura desde lejos. Más de 170 kilómetros por delante, el Mont Ventoux mediante, y desde la cima, cuarenta kilómetros de sufrimiento hasta Carpentras, línea de meta. Ni el propio Poli debía saber muy bien a dónde iba.
A sus 31 años, Poli se había ganado fama de hombre de equipo y peón de esprinters para preparar los metros finales. No debutó en el ciclismo profesional hasta bien tarde (27 años), algo que no era tan raro por entonces ya que, entre otros, uno de los mejores corredores de aquella época, Tony Rominger, había pasado por la misma experiencia. Era un consumado rodador, medallista olímpico en pista, que tenía difícil destacar en otra cosa que no fuera el llano cuando medía más de 190 centímetros y su peso se acercaba peligrósamente a la centena. Pero ahí iba, en solitario, decidido a dejar que pasaran los kilómetros. 

Según confesaría después había sacado sus cuentas: si llegaba al pie del puerto con 25 minutos, tendría sus oportunidades. Y llegó, pero después se dio de morros con la realidad de las rampas y el paisaje de un puerto que, para muchos, trasciende lo proporcionado. Más aún cuando el jovencísimo Marco Pantani, debutante en el Tour con el Carrera Jeans de Claudio Chiappucci y Vladimir Poulnikov, atacaba con las primeras rampas y empezaba a zamparle minutos de desventaja. Pantani ascendía ligero, con solvencia. Poli se retorcía, corría en horizontal, clavaba sus caderas en cada pedalada, como si estuviera corriendo sobre arenas movedizas. Como confesaría años después en una entrevista, fue la primera vez en su carrera profesional que el ordenador le marcaba velocidades por debajo de la decena. Parecía ir a cámara lenta, pero precisamente lo suyo eran los ritmos lentos. Encontró uno, lo apadrinó y con él llegó a la cima en solitario y con algo más de cuatro minutos de ventaja. El descenso, lo abrazó como si fuera un oasis en medio del desierto y a él le quedaran cuarenta kilómetros de larga travesía. 

Sí, hubo final feliz. Poli llegó a meta entre saludos solemnes, tirando su gorra al público, con un aspecto de satisfacción que no olvidaría jamás. Apenas añadiría otra victoria a su palmarés, cuando ya corría en Francia para el Crédit Agricole y se acercaba a su retirada. Fue en la carrera nocturna de Dun Le Palestel. Pero, en cualquier caso, ya había ganado su gloria eterna: una sola victoria pero con la carga emocional y el valor épico que haría que todo buen aficionado al ciclismo la recuerde con cariño. Él fue el gregario afanoso, con un cuerpo de escolta de baloncesto, que salió a probar suerte y triunfó en las rampas del Mont Ventoux cuando nadie lo esperaba. 

Al día siguiente, en Alpe d'Huez, Roberto Conti conseguiría otra victoria inolvidable para el ciclismo italiano. La cuarta de aquella edición tras las que habían conseguido Nicola Minali y Gianluca Bortolami. La quinta si consideramos la contrarreloj por equipos que ganó el GB-MG Technogym donde corrían Davide Cassani, Alberto Elli, Franco Vona y Flavio Vanzella. Este último, además, se vistió de líder. Italia, además, vibraría con un Marco Pantani que ganaba la clasificación de los jóvenes y acababa tercero en su primer Tour. Puede que nada de esto fuera suficiente para aplacar la derrota en el Mundial de Estados Unidos 1994, pero, al menos, pudo ayudar. Poli, seguro, una vez en Carpentras, olvidó por completo que había trasnochado y Roberto Baggio no fue capaz de superar a Claudio Taffarel. 

Yo no he recordado todo esto hoy porque tenga una memoria maravillosa. Entonces, yo tenía 18 años, ya pasaba del fútbol de selecciones y el Tour de Francia, por entonces, era solo Miguel Indurain. Por supuesto, alguien lo ha mencionado en una web de ciclismo (en concreto, Max Bulla, para biciclismo.com) y yo he tirado un poco de recuerdos, otro poco de hemeroteca, algo de youtube.com y mucho de imaginación. De Poli me acordaba. Su nombre es de los que se recuerda. De esos que se te quedan grabados como si fueran memorias maravillosas de tu propia vida: Germano Pierdomenico, Frankie Andreu, Beat Zberg, Uwe Raab, Bo Hamburger, Ronan Pensec, Jesper Skibby, Jaan Kirsipuu, Rosario Fina... Todos sonaban a promesas de aventuras, lugares exóticos, descubrimiento. 

Apenas estoy siguiendo el Tour, lo confieso. Por eso no he escrito una sola entrada aún. Vi ganar a Tom Dumoulin bajo la lluvia y poco más. Sigo el día a día en diferido, por supuesto: sé que Froome hoy se ha echado una carrera, vi desinflarse el globo, leí las buenas palabras de Mark Cavendish, me alegré un montón por Greg Van Avermaet, otro futbolero, y me declaro fan confeso de Peter Sagan. Pero no estoy siguiendo esta edición como lo he hecho en otras ocasiones y no hay ninguna razón que no me tenga a mí, y solo a mí, por protagonista. 

Esta mañana alguien me recordó a Eros Poli y quise aprovechar la oportunidad. Gracias Max Bulla, gracias Eros Poli, gracias Mont Ventoux. 




Posdata: La foto la he encontrado en el buscador de imágenes de google y proviene, al parecer, de la web de Radio Televisión Española. El vídeo del youtube, sobre todo, ofrece imágenes de las últimas rampas de Mont Ventoux y el kilómetro final.

viernes, 8 de julio de 2016

Alessandro Gentile



Las olimpiadas de Río de Janeiro que se disputarán este verano siguen envueltas en la polémica. Entre las huelgas de distintos gremios, los índices de violencia y el virus zika, las noticias siempre parecen referirse a cosas que no afectan directamente al mundo del deporte. Encima, en el baloncesto, la guerra entre la FIBA y los organizadores de las competiciones de clubes europeas estuvo apunto de crear un cataclismo.
En la categoría de baloncesto ya tenemos a nueve equipos clasificados: Brasil, como país anfitrión, Estados Unidos, como campeón mundial, Australia por Oceanía, Nigeria por África, Venezuela y Argentina a través del Campeonato Americano, igual que España y Lituania por el Europeo y, finalmente, China. Las últimas tres plazas se disputan ahora mismo en los tres torneos preolímpicos. Y de eso queríamos hablar aquí. 

Pero antes, y ya que muchas de las selecciones participantes ya han hecho las primeras cribas para su participación en las olimpiadas, echémosle un repaso a las mismas. 

Sergio Scariolo ya dio una lista de 24 hombres que luego redujo a 17. La duda más significativa, Serge Ibaka o Nikola Mirotic, se resolvió. Mirotic estará en Brasil, igual que lo estarán, a no ser que surja un imprevisto, todos los grandes nombres actuales del baloncesto estatal: Ricky Rubio, Pau Gasol, Marc Gasol, Sergio Llull, Rudy Fernández, Sergio Rodríguez...

Las bajas en la selección de Estados Unidos serán más significativas, pero, aún así, siguen siendo los grandes favoritos y se presentarán con un equipo de garantías para refrendar ese favoritismo. Mike Krzyzewski ya tiene a sus doce jugadores y estos serán los siguientes: Carmelo Anthony, Harrison Barnes, Jimmy Butler, DeMarcus Cousins, DeMarr DeRozan, Kevin Durant, Paul George, DeAndre Jordan, Kyle Lowry, Klay Thompson, Kyrie Irving y Draymond Green. 

De China no tengo datos, pero supongo que jugadores como Yi Jianlian, Wang Zhelin o Zhou Qi formarán parte del mismo. 

Australia trabaja ahora mismo con 18 hombres, entre los que no están Dante Exum o Andrew Bogut, aunque a este último aún se le espera si se recupera bien de su operación de rodilla. A falta de estos dos, los Boomers serán doce, como todos los demás, y necesitan hacer descartes. Entre los primeros seleccionados hay viejos conocidos de la ACB como David Andersen, flamante ganador de Liga en Francia, Joe Ingles, Chris Goulding, Daniel Kickert, Nathan Jawai o Brad Newley, y NBAs como Matthew Dellavedova, Aron Baynes, Cameron Bairstow o Patrick Mills. 

Nigeria invitó en Mayo a 27 jugadores, entre los que no estaba Victor Oladipo, quien parece que no tenía muy clara la invitación. También creo que la rechazó Thanasis Antetokounmpo, pero, a buen seguro, tendrán un equipo competitivo si alguno de los otros jugadores invitados a la preparación deciden defender a Nigeria en las Olimpiadas. Al fin y al cabo, en la lista hay jugadores como Ikechukwu Diogu, Olumide Oyedeji, Al-farouq Aminu, Chamberlain Oguchi, Trevor Mbakwe, Ike Ofoegbu, Derrick Obasohan, Ekpe Udoh, Festus Ezeli, Michael Umeh, Michael Gbinije, Ebi Ere o Folarin Campbell. 

Rubén Magnano, seleccionador de Brasil, también tendrá que hacer descartes, pero, su primera lista, deja bien a las claras su apuesta: nada de experimentos, pero sí experimentados. Entre los primeros elegidos, Leandro Barbosa, Guilherme Giovannoni, Rafael Hetsheimeir, Marcelinho Huertas, Nené Hilario, Vitor Faverani, Raulzinho Neto, Augusto Lima o Anderson Varejao. 

Jonas Kazlauskas empieza a preparar la participación de Lituania con una primera lista de 20 hombres. Parece que el equipo combinará la veteranía de gente como Robertas Javtokas o Darjus Lavrinovic con la juventud de Domantas Sabonis. Entre los NBA, parece que sí estará Jonas Valanciunas pero no está tan claro que la salud deje participar a Donatas Motiejunas. 

En Argentina, Sergio Hernández dio una preselección de 20 nombres, algunos de ellos convocados también para jugar el Suramericano. Entre esos veinte primeros candidatos, hay jugadores como Facundo Campazzo, Nicolás Laprovittola, Emanuel Ginóbili, Nicolás Richotti, Andrés Nocioni, Marcos Mata, Luis Scola o Leonardo Mainoldi. 

Por último, en Venezuela, Néstor "Che" García tiene claras las cosas. Maneja una lista de treinta hombres, incluyendo a muchos jóvenes jugadores cuyo único objetivo debe ser empezar a conocer los mecanismos y exigencias de la selección nacional. Más tarde, la preselección se reducirá a 26 y, finalmente, cuando jueguen su último amistoso, contra la selección norteamericana, si no me confundo, dará la lista definitiva de 12. Por supuesto, entre esos 30 primeros jugadores, están los más reconocidos del baloncesto venezolano, gente como Gregory Vargas, Gregory Echenique, Heissler Guillent, Donta Smith o el NBA Greivis Vásquez.

Así están los equipos que ya tienen asegurada su presencia en Brasil, pero, como decíamos al princpio, aún habrá hueco para otras tres. El preolímpico cuenta con tres sedes: Turín (Italia), Manila (Filipinas) y Belgrado (Serbia). Los ganadores finales en cada sede serán los afortunados que viajen a Brasil en unos meses. En el grupo que juega en Italia, se encuentran las selecciones de Grecia, México e Irán, que forman el Grupo A, e Italia, Túnez y Croacia, que forman el Grupo B. En Belgrado, también hay dos grupos. En el primero, se enfrentan Serbia, Puerto Rico y Angola; en el segundo, Japón, República Checa y Letonia. Finalmente, en Manila, se disputarán la plaza de acceso a las olimpiadas, Turquía, Senegal y Canadá, reunidas en el Grupo A y Filipinas, Nueva Zelanda y Francia en el B. De cada grupo en cada sede, se clasifican dos equipos. Los primeros del A disputarán una semifinal con los segundos del B, y los primeros del B disputarán la otra semifinal con el segundo del grupo A. Los clasificados para cada una de las tres finales se jugarán entre sí las invitaciones para viajar a Brasil. 

El torneo lleva disputándose desde el lunes y terminará este domingo. Y ya tenemos semifinales. 

En el grupo de Belgrado,  Serbia acabó primera del Grupo A y Letonia primero del Grupo B. Serbia se enfrentará a la República Checa, que acabó segunda en el Grupo B. Y Letonia hará lo propio contra Puerto Rico, que quedó a una victoria de los anfitriones en el A. Japón y Angola quedaron eliminadas. Serbia ha tenido a Nemanja Nedovic y a Nikola Jokic, sobre todo a este último como sus mejores hombres. Por los letones, el jugador más destacado ha sido Dairis Bertans quien, además, ha tenido tiempo de despedirse por video del Bilbao Basket. Por la República Checa, hay que destacar a Tomas Satoransky y a Blake Schlib, además de a un Lukas Palyza que destacó en el partido ante Japón. Por Puerto Rico, Juan José Barea ha sido el jugador más destacado. 

En el grupo de Manila, las semifinales enfrentarán a Canadá, ganador en un grupo, contra Nueva Zelanda, segundo en el otro, y a Francia con Turquía, que han ocupado las mismas posiciones. Se quedaron fuera Senegal y la anfitriona Filipinas. En el Grupo A, Canadá ganó los dos partidos gracias, sobre todo, a Cory Joseph, su mejor jugador. Turquía ganó a Senegal (digno papel, las dos derrotas fueron ajustadas) gracias a Ali Muhammed, que no es otro que Bobby Dixon. En el grupo B, Francia tiró de, como no, Nando de Colo en el primer partido y de varios jugadores en el segundo, destacando Mickael Gelabale. Por Nueva Zelanda destacaron los hermanos Webster, Corey y Tai. 

Finalmente, en Turín, los anfitriones, Italia, ganaron el primer puesto de su grupo y, por lo tanto, se enfrentarán a México, segunda en el otro, en una de las semifinales. La otra la disputarán Grecia, como primera de su grupo, y Croacia, como segunda del suyo. Túnez e Irán quedaron fuera. En Croacia, han destacado Bojan Bogdanovic y Dario Saric. En Grecia, Giannis Antetokounmpo,  mientras que en México el hombre más destacado ha sido Francisco Cruz. Por Italia, habría que destacar a Marco Belinelli, Danilo Gallinari, Andrea Bargnani o Alessandro Gentile (para él el titular porque es el último jugador que nombro en esta entrada y por nada más). 

Lo dicho, Italia, Grecia, Croacia, México, Nueva Zelanda, Turquía, Canadá, Francia, Serbia, Letonia, República Checa y Puerto Rico. Tres de estos doce acompañarán al anfitrión Brasil y a los otro ocho equipos ya clasificados para los Juegos Olímpicos de 2016. Quiénes serán finalmente, no lo diremos aquí. Tendréis que averiguarlo vosotros por vuestra cuenta que yo bastante he escrito ya aquí sobre ello.